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EL ARTE DE LA ESCUCHA

A Ricardo no le gusta mucho hablar de sí mismo. Por eso voy a hacerlo yo, para que le conozcáis. Voy a contaros el caso de una amiga nuestra de Madrid, que en parte ha actuado como trampolín para lanzarnos a esta piscina. Gracias Nuria : ) 

Un sábado por la mañana, hace ya cuatro años, Nuria llamaba a Ricardo con una idea rondándole la cabeza. Tenía unos ahorros, que en sus palabras no eran gran cosa, pero creía que podrían ayudarla a comenzar a soñar. “Ricardo, te voy a mandar por WhatsApp el dibujo de mi casa, y te lo explico. No vas a entender mucho, porque pinto fatal, pero te lo explico. A lo mejor es imposible. Si es así, dímelo, porfa”.

Y le contó su idea, que era muy chula, pero también le contó sus dudas, sus miedos. No quería que aquello se le fuera de madre económicamente. No quería pecar de ostentosa o quijotesca, pero tampoco quería conformarse como ya había estado haciéndolo en su piso de 35m cuadrados con escasa luz aunque bien comunicado, a un paso de Madrid. Había decidido pasar a la acción, y se lo había trasladado a Ricardo, con lo cual trasladó esa ilusión justo a la persona que podía ilusionarse más con la idea. Él sería sincero, realista, e iba a poder guiarla sin dudar, después de más de veinte años de experiencia como arquitecto trabajando en España y en el extranjero. 

Otro miedo que tenía era el tener que lidiar, una vez hecho el proyecto que tenía en su cabeza, con contratistas que la marearan sin ella tener ni idea. Le daba pánico enfrentarse a algo que desconocía tanto. “Me van a tomar el pelo”, le decía a Ricardo.

Desde el principio Ricardo fue muy claro. Le habló de tiempos reales, de plazos, de permisos y licencias, de contratos, y de presupuestos de cada partida, para que ,teniendo ella toda la información en todo momento, no se agobiara y pudiera disfrutar tan solo de estrenar su hogar y disfrutarlo. Esto fue lo que más le gustó a Nuria, jeje.

Pero tenía otra inquietud o pensamiento rumiante, y es que quería que su hogar fuese sostenible, acorde con su filosofía de vida. Ricardo comenzó a hablarle entonces de su manera de hacer, de lo que podía hacer con la arquitectura modular y ella se escandalizó: “Pero yo no quiero una vivienda hecha en serie”, dijo Nuria. Y entonces yo, que escuchaba esa conversación, también aprendí mucho acerca de este tipo de arquitectura. Resulta que no se trata unicamente de ahorrar esfuerzos y hacer casas en serie, sino que es un sistema inteligente de piezas que permite libertad creativa total y precisión quirúrgica, reduciendo tiempos y, lo que era muy importante para Nuria en aquel caso, residuos.  Hablaba de “casas eficientes”, de “casas que respiran”…

Según avanzaba su conversación, este vez ya no telefónica sino tomando un café, veía a Nuria más emocionada, y a Ricardo también, haciendo dibujos a toda prisa a mano alzada con los papelillos que iba cogiendo del servilletero de nuestra mesa. El proyecto estaba en marcha.

Tras unas semanas convulsas para determinar plazos exactos atendiendo a permisos y licencias, presupuestos de cada partida y demás, comenzó la obra de lo que hoy ya es “LA CASA DE LOS SUEÑOS DE NURIA- LA PINE HOUSE”

En palabras de Nuria, “No pensé en un principio que Ricardo pudiera entenderme tan bien, con lo complicada que veía yo la idea en mi cabeza. No puedo estar más feliz”. Y justo en ese momento, fue en el que decidimos, porqué no, hacerlo extensible a más gente que pudiera ser feliz construyendo la casa de sus sueños, o “UNA CASA CON AURA”

 

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